08. Descartes y el Racionalismo


Contexto histórico-cultural y filosófico.

    El texto de vamos a analizar pertenece al Discurso del Método, obra en la que René Descartes realiza una revisión del conocimiento científico para liberarlo de posibles intrusiones o falsedades. Nacido en 1596 en la Turena (Francia), René Descartes es considerado el primer pensador moderno
El siglo XVII es el Siglo de Oro francés, aunque es también la época de la monarquía absolutista, y, en toda Europa, hay cierto ambiente de crisis política. La consolidación de los estados modernos, sus afanes imperialistas y la lucha por la hegemonía entre Francia, España, Holanda e Inglaterra, provocan grandes enfrentamientos entre ellos. Una buena parte de la vida de Descartes coincide con la Guerra de los 30 años entre los estados católicos y protestantes del imperio alemán. Desde el punto de vista socioeconómico, en el siglo XVII se produjo un fuerte desarrollo de la burguesía vinculada al capitalismo mercantilista, favorecido a su vez por la expansión del comercio marítimo y colonial gracias al descubrimiento de América y la pacificación del Mediterráneo. Sin embargo, a pesar de que grandes masas de población emigraron al nuevo continente, la población Europa sigue aumentando (debido al aumento de medios y a que las guerras están localizadas geográficamente, se libran a menudo en el mar o se han profesionalizado). Esto provoca numerosos ciclos de hambrunas y peste.
Las Meninas
    La cultura, en cambio, experimenta una auténtica revolución, marcada, entre otras causas, por el desarrollo de la imprenta. La burguesía consume masivamente literatura y teatro. En el arte, el Barroco, a menudo considerado una degeneración del clasicismo renacentista, se extiende rápidamente por toda Europa y América, reflejando esa mentalidad de contrastes en la profusión de detalles y el gusto por las experiencias místicas o macabras.


    En lo que respecta a la filosofía, y la ciencia en general, tras los cambios producidos en el Renacimiento, la Modernidad comienza con un gran ímpetu intelectual por el desarrollo y el progreso. La introducción de la imprenta marca el comienzo de una mentalidad respecto del saber de la que Descartes es un claro ejemplo: el interés por universalizar y extender el conocimiento (Descartes es el primer pensador en escribir en lengua vernácula).
    Ya hacía algún tiempo que Dios había dejado de ser el centro de la preocupación filosófica, como ocurría en la Edad Media, y esto había provocado dos efectos contrarios. Por un lado la filosofía se beneficia del reencuentro con los grandes temas: el hombre y el conocimiento. Pero, por toro lado, la disputa de poder entre la ciencia y la Iglesia es cada vez más evidente. En un contexto de Reforma, Contrareforma y escisiones, la Iglesia no tolera las teorías de los autores de la “Nueva Ciencia” (la ejecución de Giordano Bruno, la condena a Galileo...). Algunos pensadores, para evitar enfrentamientos con la Iglesia, o bien posponen y suavizan las teorías metafísicas más materialistas y mecanicistas, como hace Descartes, o bien continúan esforzándose por mencionar a Dios en sus obras, a pesar, incluso, de las claras contradicciones o de lo "artificial" que resulte.
    La mayoría de los grandes pensadores modernos son una mezcla entre filósofo, científico y matemático: Descartes, Newton, Leibniz... Sin embargo, el interés por la autonomía de la razón acaba produciendo no sólo una ruptura con la religión, sino incluso una escisión de la filosofía, apareciendo numerosas nuevas ciencias (ciencias modernas). Las dos principales corrientes filosóficas de la Modernidad, Racionalismo (representado por Descartes, Spinoza y Leibniz entre otros), y el Empirismo (representado por J. Locke y D. Hume entre otros), compartiendo intereses similares aunque proponiendo soluciones diferentes, acaban definiendo gran parte del mundo occidental actual y su mentalidad cientifico-tecnológica.
    
    La obra que nos ocupa, el "Discurso del método" fue publicado en 1637 en francés, como introducción a tres pequeños tratados científicos. Esto suponía una novedad y un intento de que su obra se extendiera entre los círculos menos dogmáticos y academicistas. Curiosamente, con el paso del tiempo, tal prólogo pasó a convertirse no sólo en una de las señas de identidad de la filosofía cartesiana, sino también en el gran referente para el pensamiento moderno europeo. 

Información extra:

    La familia de Descates pertenecía a la baja nobleza, siendo su padre y su hermano mayor magistrados del Tribun

al superior de Bretaña, en Rennes. Su madre murió al año de nacer Descartes y fue criado por su abuela materna y una nodriza. Desde los 8 a los 18 años estudió en el prestigioso colegio de La Flèche en Anjou, escuela regida por los jesuitas y de una apertura intelectual poco usual para la época. A los veinte años se graduó en derecho por la universidad de Poitiers. Sin embargo, no se encontraba realmente satisfecho de la enseñanza que había recibido. Descartes se interesó pronto por las matemáticas (según su palabras: única disciplina que puede considerarse un "auténtico saber" porque es la que nos aporta "certeza" o imposibilidad de dudar). Esta muestra de escepticismo, que Descartes presenta como un rasgo personal es, sin embargo, una característica general del pensamiento de finales del siglo XVI y principios del XVII, en los que los pensadores están convencidos de que es necesario un cambio radical en le forma de afrontar la ciencia.

    Terminados sus estudios, Descartes comienza un período de viajes, apartándose de las aulas, convencido de no poder encontrar en ellas el verdadero saber. En 1618 se alista en el ejército holandés y al año siguiente se traslada a Alemania, donde se incorpora al ejército del duque de Baviera. Ese mismo año descubre su verdadera vocación: la filosofía (experiencia que él mismo describe en su Discurso del Método). Aunque su intención inicial es utilizar la filosofía como método de cuestionamiento y verificación de la ciencia, acabará elaborando su propio sistema metafísico-matemático.

 
   
Descartes abandona el ejército y entre 1620 y 1629 se dedica a viajar por toda Europa. Tras vivir los tres últimos años en París, se retira a los Paises Bajos, donde cree contar con mayor posibilidades de desarrollo intelectual. Aunque cambió a menudo de residencia, su casa se convirtió en el refugio de numerosos filósofos y científicos.
    En 1628 termina su obra fundamental "Regulae ad directionem ingenii" (Reglas para la dirección del espíritu) que, escritas en latín, se publicarán después de su muerte. Esta obra plasma su intención de crear una ciencia universal de carácter matemático, y en ella se subrayan los aspectos metodológicos de su pensamiento.
    En 1633-4 escribe Descartes su "Tratado del Mundo", obra que no se atrevió publicar cuando recibió la noticia de la condena que sufrió Galileo en Roma. Su tratado contenía también tesis heliocentristas, así como afirmaciones sobre el movimiento de la tierra. Parte de esta obra será incorporada más tarde en trabajos posteriores.
 Descartes mantuvo siempre una postura conciliadora y precavida que evitó el enfrentamiento con la Iglesia. Quizás debido a que pretendía no quedar fuera de los círculos "oficiales".

    En 1637 publicó el "Discurso del método" como introducción a tres pequeños tratados: "Dióptrica", "Meteoros" y "Geometría", escritos en francés, lo cual suponía una novedad y un intento de que su obra se extendiera entre los círculos menos dogmáticos y academicistas. C
uriosamente, con el paso del tiempo, tal prólogo pasó a convertirse en una de las señas de identidad del proyecto filosófico de Descartes, pues de modo bastante resumido y en francés, exponía la necesidad de recurrir a un método adecuado para la filosofía y los resultados efectivos obtenidos por el propio Descartes tras la aplicación de tal método...

    En 1641 se publican en París sus "Meditationes de prima philosophia", considerada, junto con las Regulae, la obra fundamental de Descartes, también escrita en latín. Esta obra se denomina comunmente Meditaciones metafísicas. Las Meditaciones se publicaron pronto al francés junto con un grupo de Objeciones de varios autores y Respuestas del propio Descartes.

    Descartes no se librará de los ataques eclesiásticos. En 1644 publica su obra "Principia philosophiae" (Principios de la filosofía), que dedica a la princesa Isabel de Bohemia y que se presenta en forma de libro de texto. Descartes deseaba que pudiera ser utilizado en la enseñanza "oficial" aunque se apartara de muchos de los preceptos aristotélicos aceptados.
En 1649 Descartes es invitado por la reina de Suecia a Estocolmo con el fin de instruirla en su filosofía. Al partir deja su obra "Las pasiones del alma" en la imprenta. En este escrito desarrolla uno de los temas que más interesaban a la princesa Isabel: el tema de las pasiones y la relación entre el alma y el cuerpo.

    En Suecia Descartes se encontraba solo y atareado en algunas cuestiones enojosas, como la elaboración de unos poemas para un ballet conmemorativo de la Paz de Westfalia . El 11 de febrero de 1650 muere Descartes de una neumonía. El duro invierno sueco, así como el hábito de la reina de reunirse con él en la biblioteca a las cinco de la mañana, mellaron la salud del filósofo, que estaba acostumbrado a una vida más reposada: Descartes pasaba muchas horas reflexionando y escribiendo en la cama hasta las once de la mañana. Enterrado en Estocolmo, su cuerpo fue trasladado a París en 1666.

    La importancia de Descartes en la historia occidental es enorme. Por un lado, filosóficamente, es el máximo representante del Racionalismo, participando en la aparición de lo que podríamos denominar la mentalidad cientificista occidental. Por otro lado, además de sus aportaciones a las matemáticas, su modelo matemático-metafísico se convertiría en el modelo básico de la realidad en adelante.


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Miqel Servet




El "Discurso del Método"

   El "Discurso del método" fue escrito como introducción a tres pequeños tratados científicos: "Dióptrica", "Meteoros" y "Geometría". Se publicó en 1637 en francés y de forma anónima. Esto muestra el interés de Descartes por universalizar el conocimiento y prevenirlo de teorías dogmáticas o academicistas. Tiene una finalidad divulgativo: Descartes quiere exponer el método con el que él ha resuelto una serie de problemas científicos de su época con aparente facilidad. Por eso la obra es resumida, se expresa en francés, evita tecnicismos filosóficos, usa metáforas y utiliza la primera persona autobiográficamente.

    Los fragmentos escogidos para la Selectividad corresponden con la Segunda y la Cuarta Parte. En la obra, Descartes señala algo que aparece tanto en otras obras suyas como en la de diversos pensadores de la época: el camino de la filosofía y del conocimiento, no sólo no termina de avanzar, sino que a veces retrocede. Descartes usa la metáfora de las viejas ciudades que se encuentran ruinosas, tambaleantes o que sufren desplomes, concluyendo que es mejor derribar todos los edificios sospechosos y comenzar desde cero con unos buenos cimientos. Recordemos que numerosas teorías tradicionales (sobre todo platónicas y aristotélicas) estaban comenzando a mostrarse erróneas y a ser rechazadas por una nueva mentalidad. Eso, lejos de ser percibido como un problema, es, para Descartes, la muestra del camino a seguir. Así la obra supone tanto un descubrimiento del propio método a seguir como su aplicación para obtener las primeras verdades indubitables que se usarán como cimientos de la ciencia.
    Centrándonos en la Segunda Parte, Descartes describe su determinación por encontrar un conocimiento fiable y definitivo, aunque sea avanzando despacio y desde cero (como un hombre que camina sólo y en la oscuridad). Entonces se propone rechazar todo conocimiento previo y dudar de todo lo no evidente. Comenta que, al haber estudiado tanto la Lógica como las Matemáticas, considera que ambas sólo sirven como medio de demostración de cuestiones ya conocidas, pero no como evidentes en sí mismas. También observa que estas ciencias disponen de tantas normas y conceptos que no facilitan el camino sino que lo complican. Así que busca un método simple, con sólo el menor número de reglas posibles. De ahí sus cuatro reglas del método: duda metódica, análisis, síntesis y revisión.




Razón y método: el criterio de verdad.

    Para Aristóteles había diversidad de ciencias, y cada una de ellas se diferenciaba de las demás por un objeto formal propio y un método específico; esto originaba distintos géneros del saber que, según Aristóteles estaban separados. Sin embargo, Descartes rechaza esta separación, por considerar que la razón es una. De hecho, como matemático Descartes consigue aunar Aritmética (números) y Geometría (objetos matemáticos) en una sola ciencia, la Geometría Analítica. La ciencia moderna, surgirá con la creencia en la comunicación de todos los saberes y la búsqueda de un método único.

Galileo y la nueva mentalidad

Bertini fresco of Galileo Galilei and Doge of Venice.jpg
«Bertini fresco of Galileo Galilei and Doge of Venice» por Giuseppe Bertini - Embedding web page: Dominio público vía Wikimedia Commons.


    Ya Platón había propuesto la necesidad de un método científico, pero en la Modernidad introduce un nuevo elemento: un criterio de verdad, aquello que hace que aceptemos algo como verdadero. Descartes emprende la búsqueda del método común para todo tipo de conocimiento, un método acumulativo, que permita avanzar de forma indudable. Para ello propone comenzar, precisamente, dudando de todo aquello que anteriormente se hubiera dado por sentado.


La duda metódica.

    En primer lugar hemos de decir que Descartes no es un escéptico (que creería que nunca conseguiríamos una verdad definitiva). En cambio, su duda es el inicio de un método, es la propuesta de la necesidad de investigación, después de la cual espera encontrar una primera verdad (que, sea cuál sea, contendría el criterio de verdad). Naturalmente no se propone dudar de cada una de las ideas, algo imposible, sino que cuestiona cada uno de los fundamentos de estas ideas.
Para Descartes solamente podremos llegar a la primera verdad cuando se llegue a una realidad de la que no podamos dudar, algo de lo que tengamos absoluta certeza. Todo este proceso de duda se presenta en la primera de las Meditaciones Metafísicas:

- Descartes comienza dudando de los sentidos, por un hecho patente: éstos me engañan alguna vez, luego he de pensar que pueden engañarme siempre.

- Cuando sueño siento la existencia de las cosas igual que en la vigilia y, sin embargo, no existen. La dificultad para distinguir el sueño de la vigilia presta la posibilidad de dudar también de la existencia de las cosas. Sin embargo es cierto que, aún fuera del estado de vigilia, hay verdades que prevalecen, las matemáticas: “Pues, duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más que cuatro lados”.

- Descartes introduce un nuevo motivo de duda: la hipótesis de que puede que Dios haya puesto en mi mente estas ideas con la intención de engañarme. Pero existiría una posible objeción a esta hipótesis: podría repugnar a la voluntad divina el querer engañarme. Para evitar equívocos con la fe, Descartes sustituye la denominación de Dios engañador por un "genio maligno", un ser todopoderoso que tiene la voluntad de engañarme en todo lo que pienso. Con esta hipótesis ahora parece que no puedo tener nada por cierto sin correr el riesgo de ser engañado; incluso con las verdades matemáticas puede ocurrir que “haya querido que me engañe cuantas veces sumo dos más tres, o cuando enumero los lados de un cuadrado”.


    Llegado a este punto, en las Meditaciones Metafísicas, Descartes aplica la duda a la propia duda. Y es entonces cuando encuentra un elemento que prevalece a la duda. Si dudo que dudo, es indudable que sigo dudando. El hecho de dudar, aunque me esté engañando, siempre puedo tener la certeza de que estoy dudando. Y dudar o engañarse implica necesariamente que estoy pensando; y si estoy pensando es indudable que estoy existiendo. Por tanto estamos ante la primera verdad indubitable, la de mi propia existencia como verdad pensante, a partir de la cual va a construir todo el conocimiento:

“Pienso, luego existo” (“Cogito, ergo sum”)

Según él, “cuando alguien dice pienso, luego existo, no infiere su existencia del pensamiento como si fuese la conclusión de un silogismo, sino como algo notorio por sí mismo, contemplado por simple inspección de espíritu.” Conviene resaltar como aquí Descartes señala que la idea de existencia es verdadera porque se le manifiesta al espíritu “como algo notorio por sí mismo”. Este va a ser, como veremos en el siguiente apartado, el criterio de verdad defendido por Descartes.


El Criterio de Verdad: la evidencia (claridad y distinción)


    Es en la 2ª parte del Discurso del Método donde Descartes establece su criterio de verdad. Una vez establecida una verdad indubitable, el “cogito”, analizándola vemos que hay algo que la hace indudable. Se presenta a nuestro entendimiento con una fuerza que la hace evidente. En esto precisamente consiste intuir, en percibir conexiones necesarias, evidentes. Para poder intuir conexiones necesarias entre ideas, es preciso que éstas sean simples, pues sólo la relación entre ideas simples puede ser también simple. Y sólo de lo simple hay verdadera intuición. El resto del conocimiento es deducción.

Por tanto, se tiene certeza de toda verdad que se obtenga por medio de una intuición clara y distinta.

Precisemos las nociones de claro y distinto para Descartes:

- Una idea clara es aquella que se presenta de forma manifiesta a un espíritu atento, fácil e intuitivamente.
- Una idea distinta es aquella tan precisa y diferente a todas la demás que sólo comprende lo que manifiestamente aparece al que la considera como es debido (si mezclarse con otras ideas).

Las ideas.

    Descartes introduce una modificación fundamental en la forma de entender el conocimiento. Durante la Antigüedad y la Edad Media, se creía que el pensamiento piensa cosas (las aprehende directamente). Sin embargo, en la Modernidad esta relación se hace más indirecta, pues se considera que el pensamiento piensa ideas, que a su vez versan sobre las cosas. Por ello las ideas se convierten en un elemento fundamental.

Nos encontramos con que Descartes realiza la siguiente división de las ideas:
Según su complejidad:
  1.         - Simples: claras y distintas
  2.         - Compuestas: deducción a partir de varias ideas simples.
Según su origen:
  1.     - Adventicias: provienen del exterior
  2.     - Facticias: provienen como resultado de otras ideas
  3.     - Innatas: pertenecen propiamente a la mente humana.

    Para Descartes las ideas constituyen los elementos básicos del conocimiento: no conocemos sino ideas. Y al considerarlas como dotadas de realidad, puede plantearse la cuestión de la causa de tal realidad, planteamiento que permitirá, como veremos resolver la cuestión de la existencia de Dios.
    Los empiristas también conceden una importancia central a las ideas, pero descartan todas aquellas que no tengan su origen en la experiencia (descartando especialmente las ideas innatas).

Las Reglas para la dirección de la razón.

(Reglas del método)
    Las reglas del método cartesiano son expuestas en el "Discurso del Método" y en las “Regulae...”. El primero expresa la necesidad de precaución (la duda), de decir, partir de intuiciones claras y distintas para efectuar las posteriores deducciones, para garantizar así la fiabilidad del conocimiento. El segundo sería dividir todas las ideas en las más simples posibles, mediante el análisis. El tercer precepto es proceder ordenadamente, un orden desde lo simple a lo compuesto en un proceso de síntesis; y el cuarto es la revisión reiterativa de todo el proceso.

    La novedad de Descartes y su época está en la entronización del método matemático. Podríamos decir que la ciencia, al estilo cartesiano, teorizada, despegada de la percepción física, se propone matematizar el mundo. Descatres habla de una Mathesis Universalis, una ciencia universal y única, que aglutinara todo el conocimiento de la humanidad.
Estructura de la realidad. Teoría de las 3 sustancias.

    La teoría de las sustancias (Metafísica)

    Descartes comparte la misma definición de sustancia de otros racionalistas: la sustancia es aquello que existe por sí mismo y no necesita de otra realidad para existir.

Para él existen 3 tipos de sustancias:

  • Sustancia pensante -> Res Cogitans : YO
  • Sustancia infinita -> Res Infinita : DIOS
  • Sustancia extensa -> Res Extensa : CUERPO

    A.- Sustancia Pensante

El mecanismo de demostración de la sustancia pensante, res cogitans, lo hemos visto ya con el análisis del "cogito...". Éste nos llevaba a firmar la existencia de un yo pensante, aún desprovisto de cuerpo o sentidos.

    B.- Sustancia Infinita

La demostración de la existencia de Dios la realiza Descartes en su 3ª Meditación Metafísica. Descartes recurre a Dios como garantía de verdad, puesto que hasta ahora su filosofía se había quedado atascada en la idea del cogito, sin posibilidad de avance. Descartes utiliza dos pruebas para demostrar la existencia de Dios:


- Prueba de la casualidad. Todos tenemos en nuestra mente la idea de infinito, o Dios, que para él es innata. Esta idea no la puede haber generado el propio hombre puesto que es un ser finito, imperfecto. Por tanto, debe existir una causa que sea proporcional a la naturaleza de la idea: Dios.

- Argumento ontológico. Realizada ya anteriormente por S. Anselmo, es retomada por Descartes en su 5ª Meditación Metafísica. La idea de Dios es la de un ser perfecto, es decir, de un ser mayor del cual no puede ser concebido otro. La existencia es una cualidad de la perfección; por tanto, si Dios es perfecto tiene que existir.

Con estas demostraciones se elimina la hipótesis del genio maligno: Dios no podría engañar al hombre, puesto que el engaño, el error, son un defecto, un no-ser, que no pueden ser el resultado de la acción de un ser Omnipotente. Por tanto, si Dios va a ser garantía de verdad, toda idea matemática, clara, simple, innata o evidente es verdadera.

    C. Sustancia extensa.

 La demostración de la existencia de la res extensa es más difícil porque la información de éstas nos proviene de los sentidos y ya vimos como Descartes destaca en éstos su facultad de engañar. Por otro lado, el pensamiento se percibe independiente de la materia, pero las ideas versan sobre cosas, como las sensaciones que, si son independientes del pensamiento, deben darse en otra cosa, un soporte material. Y para garantizar que su claridad y distinción implican su veracidad, tenemos a Dios.


Materialismo y Mecanicismo.

    Hemos visto cómo Descartes pasa del pensamiento a la materia; esta identificación lo lleva al materialismo. Toda la realidad es cuantificlable, medible, incluso el ser humano. Por ello Descartes tiene un concepto del mundo como un gran mecanismo, constiruido por piezas que encajan unas sobre otras (eliminando la posibilidad del vacío y de las fuerzas a distancia), donde todo tiene su orden, su mecánica. Y el relojero de este mecanismo es Dios, que lo ha dotado de un funcionamiento básico que Descartes cree haber descubierto. Son sus leyes de la naturaleza (antecedentes de la Física moderna, desarrollada por Newton):


    Todo objeto tiende a permanecer en su estado, bien de movimiento, bien de reposo.
    Todo objeto que se mueve tiende a hacerlo en línea recta (la tangente).
    El movimiento en el mundo es constante, ni se genera ni se destruye.

La teoría del alma.


    También el ser humano está sujeto al materialismo, pues Descartes aúna la visión tradicional de la unión mente/cuerpo con sus propias teorías. El alma se encuentra unida unida al cuerpo en un punto físico de éste (la glándula pineal), de modo que éste se gobierna de un modo mecánico.

    Las funciones corporales (a falta del descubrimiento histórico de la circulación de la sangre, de la transmisión neuronal, etc), Descartes las asocia con una especie de "espíritus animados" (o animales) que recorren el organismo.



Valoración de la actualidad.


    Valorar la importancia de Descartes para el mundo occidental en profundidad sería inconmensurable, así que nos vamos a centrar, a modo de ejemplo, en tres ámbitos en los que observamos su actualidad. En primer lugar, podemos ver su enorme importancia en el campo de la filosofía y del pensamiento. Su filosofía sirvió de base para la mentalidad moderna y planteó cuestiones que aún hoy sirven de estudio: la relación entre pensamiento y materia, la comprensión del orden en el universo, el sentido de la búsqueda de conocimiento, etc.
    En segundo lugar, podemos señalar la importancia de Descartes para la cultura occidental. Su visión del mundo y del conocimiento inspiran, aún hoy, la forma de entender la realidad que tenemos en el mundo occidental. Los grandes ideales cartesianos siguen vigentes hoy día, como la confianza en la razón, el ideal de progreso, la importancia de la educación, su universalización, etc.

    En tercer lugar podemos encontrar la enorme importancia que Descartes ha tenido para el desarrollo posterior de la ciencia occidental. Ésta ha seguido el camino abierto por Descartes de matematización, precisión y objetividad. El cartesianismo matemático y científico supuso un gran modelo y una base conceptual de sobre la que se ha desarrollado la "explosión" científica desde entonces. El mundo hiper tecnológico actual debe mucho al cartesianismo y, hasta cierto punto, continúa avanzando sobre estos mismo principios.



Mapa Conceptual

Descartes.ppt


Discurso del Método.



Diccionario Cartesiano (IES Vistazul)

Actividades

Video "Pienso luego existo" (F. Sabater)


COMPARACIÓN

- Comparación entre Platón y Descartes (IES Albert Einstein, Sevilla)


Subpáginas (2): Actividades Racionalistas
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Paco Pérez Vázquez,
11 mar. 2012 6:13
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